Todo comenzó el 20 de octubre del año pasado, cuando una llamada rompió la rutina de las autoridades.
Mesa de Redacción
Laredo, Texas.- Todo comenzó el 20 de octubre del año pasado, cuando una llamada rompió la rutina de las autoridades.
Desde el Hospital Infantil Driscoll, en Corpus Christi, una enfermera alertó a la policía de Laredo: un bebé de apenas cinco semanas de vida había ingresado de emergencia en ambulancia, su pequeño c3rp0 marcado por fracturas que no podían explicarse como un accidente.
Los médicos confirmaron lo impensable.
Algunas de las l3si0n3s tenían entre 10 y 14 días de antigüedad, lo que indicaba que el m3n0r habría permanecido durante días sumido en un d0l0r intenso, sin voz para denunciar, sin brazos que lo protegieran.
Cada fractura contaba una historia de sufr1mi3nt0 silencioso.
Un especialista determinó que las h3r1d4s probablemente fueron causadas por g0lp3s, un patrón compatible con l3si0n3s no accidentales.
La gr4v3d4d de las conclusiones médicas dio un giro definitivo al caso, transformándolo en una investigación por presunto 4bu-s0 inf4ntil.
Las autoridades identificaron como padres del menor a Claire Natelly Ibarra, de 24 años, y Ralph Scott Herrera, de 38.
El 18 de diciembre, un médico informó al investigador que las l3si0n3s observadas coincidían claramente con m4ltr4t0 inf4nt1l, lo que llevó a presentar el caso ante las instancias correspondientes para solicitar órdenes de arresto.
Finalmente, el 29 de diciembre, la justicia actuó.
Ralph Scott Herrera fue arrestado y acusado de dos cargos de l3si0n3s a un m3n0r con la intención de causar daño corporal gr4v3, ambos considerados delitos gr4v3s de primer grado.
Claire Natelly Ibarra también recibió una orden de arresto por un cargo del mismo delito.
Mientras el proceso legal sigue su curso, queda la huella imborrable de un recién nacido que sufr1ó en silencio.
Un caso que sacude conciencias y recuerda que la infancia debe ser sinónimo de cuidado, no de d0l0r.
