No fue un día cualquiera: fue el día en que cerró uno de los capítulos más duros de su vida al concluir su última quimioterapia, una batalla librada con valentía, fe y amor.

Mesa de Redacción
Río Bravo, Tamaulipas.- Este viernes, el corazón de Marysol Bautista latió más fuerte que nunca.

No fue un día cualquiera: fue el día en que cerró uno de los capítulos más duros de su vida al concluir su última quimioterapia, una batalla librada con valentía, fe y amor.

Acompañada de amigos y familiares, Marysol recorrió las calles de Río Bravo haciendo sonar el claxon.

No era ruido: era un canto de gratitud, un suspiro de alivio, un grito de esperanza.

Cada bocinazo llevaba un “gracias” dirigido a Dios, al universo, a los médicos que nunca soltaron su mano y a todas las personas que estuvieron presentes en cada paso del camino, incluso en los días más oscuros.

Ese recorrido no fue sólo una celebración, fue un mensaje poderoso: la lucha valió la pena, la fe fue más fuerte que el miedo y la salud finalmente tocó a su puerta.

Hoy, Marysol no sólo celebra el final de un tratamiento, celebra la vida misma, la oportunidad de volver a soñar, de sonreír sin temor y de mirar el futuro con ilusión renovada.

Marysol celebra la vida, y con ella celebramos todos.

¡Felicidades por esta nueva etapa!

Que esté llena de luz, salud, amor y bendiciones infinitas.