Ind1gnac1ón y coraje genera el caso de una mujer de la tercera edad que suele colocarse en distintos semáforos de la ciudad para pedir caridad.
Mesa de Redacción
Río Bravo, Tamaulipas.- Ind1gnac1ón y coraje genera el caso de una mujer de la tercera edad que suele colocarse en distintos semáforos de la ciudad para pedir caridad, luego de que rechazara recibir atención médica gratuita para el problema de salud que padece en uno de sus pies y que la mantiene confinada a una silla de ruedas.
De acuerdo con testimonios, a la mujer se le ofreció ayuda para atender su padecimiento y mejorar su calidad de v1d4; sin embargo, ella misma se negó, argumentando que si se cura ya no podría pedir dinero en las vialidades, dejando al descubierto que ha convertido su condición en un medio de ingresos.
En otras palabras, prefiere seguir enferma antes que perder la limosna, situación que ha causado molestia entre automovilistas y ciudadanos que, de buena fe, le entregan dinero creyendo que se trata de un caso de auténtica necesidad.
Trascendió además que la mujer es originaria de Reynosa, y que presuntamente sus propios familiares la trasladan e instalan en distintos cruceros de la ciudad, donde la dejan durante horas para pedir caridad, retirándola al final del día.
Este caso ha abierto el debate sobre el uso de la lástima como negocio y la posible expl0t4c1ón de personas vulnerables, mientras cientos de ciudadanos siguen siendo engañados en los semáforos por lo que, aseguran, ya no es necesidad, sino conveniencia.
De acuerdo con testimonios, a la mujer se le ofreció ayuda para atender su padecimiento y mejorar su calidad de v1d4; sin embargo, ella misma se negó, argumentando que si se cura ya no podría pedir dinero en las vialidades, dejando al descubierto que ha convertido su condición en un medio de ingresos.
En otras palabras, prefiere seguir enferma antes que perder la limosna, situación que ha causado molestia entre automovilistas y ciudadanos que, de buena fe, le entregan dinero creyendo que se trata de un caso de auténtica necesidad.
Trascendió además que la mujer es originaria de Reynosa, y que presuntamente sus propios familiares la trasladan e instalan en distintos cruceros de la ciudad, donde la dejan durante horas para pedir caridad, retirándola al final del día.
Este caso ha abierto el debate sobre el uso de la lástima como negocio y la posible expl0t4c1ón de personas vulnerables, mientras cientos de ciudadanos siguen siendo engañados en los semáforos por lo que, aseguran, ya no es necesidad, sino conveniencia.
