Fueron sus abuelos paternos quienes, con el corazón roto, velaron su cu3rp3c1t0 en casa, rodeándolo de amor, ese que nunca debió faltarle.
Mesa de Redacción
Ciudad Juárez, Chihuahua.- El silencio pesa distinto cuando se despide a un n1ñ0.
En una vivienda de Ciudad Juárez, no hubo palabras suficientes para explicar el d0l0r. Sólo abrazos, lágrimas y miradas perdidas acompañaron el último adiós al pequeño Eitan Daniel.
Fueron sus abuelos paternos quienes, con el corazón roto, velaron su cu3rp3c1t0 en casa, rodeándolo de amor, ese que nunca debió faltarle.
Entre veladoras encendidas y rezos que apenas podían pronunciarse sin quebrarse, familiares y cercanos intentaban comprender lo incomprensible.
La historia de Eitan no sólo duele… indigna.
Él fue as3s1n4d0 por su madre, quien ha dicho a las autoridades que lo hizo porque no lo quería, ya que tenía una d1sc4p4c1d4d.
El día de los hechos lo m4tó a g0lp3s, para luego meterlo dentro de un costal y tirarlo a un costado de la carretera.
Su partida ha dejado una h3r1d4 profunda en toda la comunidad, que aún no logra asimilar la crueldad de los hechos.
Un n1ñ0 que merecía protección, cariño y un futuro, terminó siendo víct1m4 de quien debía cuidarlo.
Las autoridades continúan con las investigaciones para esclarecer completamente lo ocurrido, mientras la exigencia de justicia crece entre una sociedad que no quiere —ni debe— olvidar.
Hoy, más allá de los detalles del caso, queda el eco de una ausencia irreparable.
Un pequeño que ya no está, pero cuya historia ha sacudido conciencias y ha unido voces en un mismo clamor.
