Después de pasar mucho tiempo sobreviviendo en el abandono, don Santos, un adulto mayor con ambas piernas amputadas, finalmente encontró una esperanza.
Mesa de Redacción
Río Bravo, Tamaulipas.- Después de pasar mucho tiempo sobreviviendo en el abandono, don Santos, un adulto mayor con ambas piernas amputadas, finalmente encontró una esperanza.
Este martes fue rescatado de las difíciles condiciones en las que vivía en Nuevo Progreso para ser trasladado al Asilo Hogar Mater Dei, en Río Bravo, donde recibirá atención, cuidados y un hogar permanente.
El traslado fue realizado por personal del asilo, acompañado por el área de enfermería, quienes primero valoraron su estado de salud para garantizar que el viaje se realizara de forma segura.
Durante el trayecto, las palabras de don Santos reflejaron el miedo y la incertidumbre que había acumulado tras años de vulnerabilidad. Con voz temerosa preguntó si tendría que bañarse con agua fría, si lo obligarían a pedir d1n3r0 en las calles para mantenerse o si, después de unos días, volvería a quedarse sin un lugar donde dormir.
Cada una de esas preguntas dejaba ver las h3r1d4s que no se alcanzan a notar a simple vista: las que deja el abandono y la lucha diaria por sobrevivir.
Sin embargo, esta vez la respuesta fue diferente. En el Asilo Hogar Mater Dei encontrará un techo seguro, alimentos, atención médica, cuidados permanentes y, sobre todo, la tranquilidad de saber que ya no tendrá que enfrentar solo las dificultades de la v1d4.
Para don Santos, el viaje de este martes no sólo significó cambiar de lugar; representó la oportunidad de recuperar la dignidad, la seguridad y la esperanza de vivir sus días rodeado del cuidado y la solidaridad que durante tanto tiempo le hicieron falta.
Este martes fue rescatado de las difíciles condiciones en las que vivía en Nuevo Progreso para ser trasladado al Asilo Hogar Mater Dei, en Río Bravo, donde recibirá atención, cuidados y un hogar permanente.
El traslado fue realizado por personal del asilo, acompañado por el área de enfermería, quienes primero valoraron su estado de salud para garantizar que el viaje se realizara de forma segura.
Durante el trayecto, las palabras de don Santos reflejaron el miedo y la incertidumbre que había acumulado tras años de vulnerabilidad. Con voz temerosa preguntó si tendría que bañarse con agua fría, si lo obligarían a pedir d1n3r0 en las calles para mantenerse o si, después de unos días, volvería a quedarse sin un lugar donde dormir.
Cada una de esas preguntas dejaba ver las h3r1d4s que no se alcanzan a notar a simple vista: las que deja el abandono y la lucha diaria por sobrevivir.
Sin embargo, esta vez la respuesta fue diferente. En el Asilo Hogar Mater Dei encontrará un techo seguro, alimentos, atención médica, cuidados permanentes y, sobre todo, la tranquilidad de saber que ya no tendrá que enfrentar solo las dificultades de la v1d4.
Para don Santos, el viaje de este martes no sólo significó cambiar de lugar; representó la oportunidad de recuperar la dignidad, la seguridad y la esperanza de vivir sus días rodeado del cuidado y la solidaridad que durante tanto tiempo le hicieron falta.
